Sudor y Sangre en la Industria de la Carne
Rumbo, Reportaje, Rodrigo París, Posted: Dec 19, 2006
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Una planta procesadora de carne con temperaturas de 32°F, poca luz, mucha humedad e intensas líneas de producción parece un lugar más cercano a la esclavitud que a una factoría del siglo XXI en Estados Unidos.
La organización Human Rights Watch (HRW) realizó un informe en 2005 titulado Sangre, sudor y miedo. En él afirma que los empleados de los mataderos y plantas de procesamiento de carne de EU realizan trabajos peligrosos en condiciones difíciles.
Los condiciones de trabajo y el trato que reciben los empleados son una violación de los derechos humanos, dice el documento.
El 42% de los trabajadores de estas plantas son hispanos y el salario medio anual que reciben es de $21,320, casi $10,000 menos que el que reciben los trabajadores de otras industrias, según la Dirección de Seguridad e Higiene en el Trabajo (OSHA).
Cuatro empresas —Tyson, Cargill, Smithfield y Swift— controlan el 80% de la producción nacional de carne. De acuerdo con un informe de la OSHA, la concentración de la producción de carne en pocas empresas facilita que haya prácticas y condiciones inadecuadas de trabajo.
Según el informe de Human Rights Watch, el 95% de los trabajadores hispanos de estas plantas no reciben compensaciones por accidentes y lesiones (como cortes con cuchillos) en un trabajo que exige velocidad y precisión al mismo tiempo. Esto se debe a que la mayoría no habla inglés o tiene miedo de que la empresa descubra que trabaja ilegalmente.
El 14.7% de los trabajadores de esta industria sufre heridas y accidentes relacionados con el trabajo según cifras de la OSHA, aunque la situación ha mejorado (en 1990 la tasa era de 30%).
El 50% de los accidentes según el informe de HRW fue a causa de errores humanos mientras cortaban la carne. "Perdí una mano cuando me incliné por debajo de una mesa de deshuesado", dice el testimonio de un trabajador entrevistado por la organización.
En el caso de los indocumentados que trabajan en estas empresas, muchas veces no solicitan prestaciones laborales, compensaciones ni mejoras ante la posibilidad de que las empresas los denuncien ante las autoridades de inmigración, según HRW.
Muchos trabajadores de la industria de la carne temen las consecuencias de la masiva redada realizada el 12 de diciembre en varias plantas de procesamiento.
De acuerdo con Mark Krikorian, director del Centro de Estudios de Inmigración, hay temor a que lo ocurrido repercuta en los consumidores y en la propia industria de la carne, ya que podría haber escasez de trabajadores, un aumento del costo de producción y, por tanto, un incremento en el precio de la carne.
Algunos comentaristas afirman que tal vez sea el momento de que las empresas suban los salarios y paguen en proporción al riesgo que tiene este trabajo, como ya ocurre en Canadá.
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